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Títulos de erótica que no te querrás perder

Cuando piensas en erótica, te vienen a la mente imágenes del torso musculoso de Fabio y la habitación roja de Christian Grey. Pero hay mucho más en este género literario que cubiertas de libros cursis y multimillonarios guapos con afinidad por el BDSM. Las novelas eróticas pueden ser sensuales, provocativas e incluso apreciadas. 

En este género puedes encontrar tantos subgéneros como quieras, así que hemos pensado en presentarte una pequeña selección de títulos que puede que te hagan perderte en este mundo de la literatura erótica… y no querer salir:

  • Delta de Venus, de Anais Nin: Una antología rompedora de 15 cuentos, este libro fue publicado póstumamente en 1977, pero en su mayoría escrito en la década de 1940, y desde entonces ha estado haciendo latir los corazones. Décadas más tarde, las historias espeluznantes de aventureros húngaros, cortesanas francesas y fumaderos de opio peruanos todavía queman las páginas.
  • Outlander, de Diana Gabaldon: Así como la enfermera Claire Randall se reencuentra con su esposo después de la Segunda Guerra Mundial, es trasladada a la Escocia del siglo XVIII. Allí, se la considera una «Sassenach» o forastera, y se ve obligada a casarse con Jamie Fraser, un soldado con un pasado turbulento y un temperamento feroz. La serie de ocho partes salta de un lado a otro en el tiempo mientras Claire se debate entre su deseo por dos hombres, en dos siglos diferentes.
  • La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera: Este clásico moderno sobre el amor y la política en la Checoslovaquia de la era comunista se centra en cuatro amantes y sus deseos en conflicto. 
  • Llámame por tu nombre, de André Aciman: Esta historia sobre la mayoría de edad es una historia bellamente escrita de amor y atracción que todo lo consume y que tiene como telón de fondo la Italia de los años 80. 
  • Forever, de Judy Blume:  Esta descripción honesta del primer amor (incluida la incomodidad de su primer encuentro sexual) fue particularmente innovadora cuando se publicó en 1975, pero todavía se siente relevante hoy.
  • No te escondo nada, de Sylvia Day: Eva Tramell es una aspirante a ejecutiva de publicidad de veintitantos años. El multimillonario Gideon Cross es un magnate de los negocios atractivo pero misterioso. Trabajan en el mismo edificio y cuando sus caminos se cruzan, son fuegos artificiales. Pero su romance en la oficina se complica rápidamente ya que ambos deben confrontar sus pasados ​​y secretos sexuales.
  • La fecha de la boda, de Jasmine Guillory: Este best-seller es como tu comedia romántica favorita, divertida y coqueta, pero con algunas escenas de dormitorio muy atrevidas. Cuando dos extraños, Drew y Alexa, se unen por un encuentro casual en un ascensor, deciden tener una cita juntos. Pero lo que comienza como un fin de semana divertido se convierte rápidamente en mucho más.
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Literatura erótica: mantén en forma tu mente

Gracias al arte de la literatura, hemos podido comprobar que las palabras sí que son capaces de cambiar el mundo. Desde el principio, el poder de la escritura ha sido enorme, incluso cuando era tan arcaica como por ejemplo los jeroglíficos, y sólo servían para realizar crónicas oficiales; luego, filósofos y eruditos se encargaron de darle a la literatura otros usos, y seguramente el más interesante fue el que nos ofrecía una forma de escapatoria de nuestra realidad para meternos en la realidad imaginaria de otras personas. De lejos, los libros son la mejor forma de ocio que el hombre ha inventado, y podemos tener el orgullo de decir que, ciertamente, es todo un logro nuestro.

Si uno se pone a pensar en qué género literario es más importante, o más útil, seguramente la literatura erótica sería el último; y, aunque se nos ocurriera nombrarla, lo haríamos como un producto menor, casi de serie B, poco importante a tener en cuenta, al nivel de un folletín o, casi peor, de un reclamo pornográfico. No es el género que esté mejor visto, por supuesto, y no suele dársele ningún crédito aparte de dar alas a la imaginación de amas de casa aburridas y calenturientas, soñando con todo aquello que no tienen en su día a día (sin recordar que esa carencia también puede compartirse con los hombres que comparten su vida); escritos con trama pobre, que no ofrecen moralejas ni enseñanzas palpables, y que son poco más que porno barato, si hacemos caso de las críticas más crueles.

Pero, ¿qué tal si la novela erótica hubiera traspasado los límites del entretenimiento, y se hubiera convertido en una terapia médica para nuestros mayores? Porque tras esta pandemia y sus meses de confinamiento, se ha descubierto los beneficios de la literatura erótica para la tercera edad; unos beneficios que no ofrecen otros géneros literarios, y que han sido tan evidentes que los médicos que se ocupan de nuestros abuelos y abuelas no han podido por menos que notarlo. Parece que este tipo de lecturas llenas de palabras insinuantes, escenas de alto voltaje y sexo apasionado y salvaje entre los diferentes protagonistas activa algo en el cerebro de nuestras personas mayores, y es capaz de estimular sus mentes como otro tipo de lectura no puede hacerlo.

Debe ser algo así como inversamente proporcional al efecto que tiene el porno viejas. Sí, porque no me niegues que no te has dado cuenta que el sexo con maduras, en lo que se refiere a los videos porno, se está imponiendo cada vez más, y no sólo en las webs para adultos: de hecho, ya se plasma en el cine y, cómo no, en la literatura. Parece que la idea de una señora mayor como un ser asexual se está dejando en el olvido, y diría más: se están convirtiendo en todo un objeto de deseo. Puede que no a todo el mundo lo ponga cachondo el pensar en follar con abuelas, pero ah… ¿a cuantos os gustaría ir a la cama con una madurita de treinta y tantos, o cuarentona, con un mínimo de atractivo físico? E incluso si la mujer no es muy agraciada, tampoco importa demasiado, porque uno ya va enganchado con la experiencia que pueda tener. Así, las mujeres hechas y derechas con cierta edad se han convertido en las amantes soñadas por muchos tíos, tanto jóvenes como maduros.

Claramente, las imágenes o pensamientos que evoca una lectura erótica en la mente de las personas mayores activa toda clase de reacciones químicas que hace que su memoria atrape detalles de esas lecturas, que no funciona con otro tipo del literatura. Porque, al fin y al cabo, no importa los años que tengas, el ser humano es un ser sexual por definición. Llegamos a una edad adulta en la que nuestro género ha marcado realmente nuestra forma de ser, y nos ha dado ya cierta identidad; la sexualidad empieza despertarse, y sea cual sea la opción que elijamos, ya nunca deja de ser una de las características que nos definen como persona individual, y después con el conjunto de la sociedad. Así que no es de extrañar que seamos capaces de recordar todo lo que tenga que ver con el amor, el erotismo y el sexo, aunque olvidemos como se llaman nuestros nietos.