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Literatura erótica: mantén en forma tu mente

Gracias al arte de la literatura, hemos podido comprobar que las palabras sí que son capaces de cambiar el mundo. Desde el principio, el poder de la escritura ha sido enorme, incluso cuando era tan arcaica como por ejemplo los jeroglíficos, y sólo servían para realizar crónicas oficiales; luego, filósofos y eruditos se encargaron de darle a la literatura otros usos, y seguramente el más interesante fue el que nos ofrecía una forma de escapatoria de nuestra realidad para meternos en la realidad imaginaria de otras personas. De lejos, los libros son la mejor forma de ocio que el hombre ha inventado, y podemos tener el orgullo de decir que, ciertamente, es todo un logro nuestro.

Si uno se pone a pensar en qué género literario es más importante, o más útil, seguramente la literatura erótica sería el último; y, aunque se nos ocurriera nombrarla, lo haríamos como un producto menor, casi de serie B, poco importante a tener en cuenta, al nivel de un folletín o, casi peor, de un reclamo pornográfico. No es el género que esté mejor visto, por supuesto, y no suele dársele ningún crédito aparte de dar alas a la imaginación de amas de casa aburridas y calenturientas, soñando con todo aquello que no tienen en su día a día (sin recordar que esa carencia también puede compartirse con los hombres que comparten su vida); escritos con trama pobre, que no ofrecen moralejas ni enseñanzas palpables, y que son poco más que porno barato, si hacemos caso de las críticas más crueles.

Pero, ¿qué tal si la novela erótica hubiera traspasado los límites del entretenimiento, y se hubiera convertido en una terapia médica para nuestros mayores? Porque tras esta pandemia y sus meses de confinamiento, se ha descubierto los beneficios de la literatura erótica para la tercera edad; unos beneficios que no ofrecen otros géneros literarios, y que han sido tan evidentes que los médicos que se ocupan de nuestros abuelos y abuelas no han podido por menos que notarlo. Parece que este tipo de lecturas llenas de palabras insinuantes, escenas de alto voltaje y sexo apasionado y salvaje entre los diferentes protagonistas activa algo en el cerebro de nuestras personas mayores, y es capaz de estimular sus mentes como otro tipo de lectura no puede hacerlo.

Debe ser algo así como inversamente proporcional al efecto que tiene el porno viejas. Sí, porque no me niegues que no te has dado cuenta que el sexo con maduras, en lo que se refiere a los videos porno, se está imponiendo cada vez más, y no sólo en las webs para adultos: de hecho, ya se plasma en el cine y, cómo no, en la literatura. Parece que la idea de una señora mayor como un ser asexual se está dejando en el olvido, y diría más: se están convirtiendo en todo un objeto de deseo. Puede que no a todo el mundo lo ponga cachondo el pensar en follar con abuelas, pero ah… ¿a cuantos os gustaría ir a la cama con una madurita de treinta y tantos, o cuarentona, con un mínimo de atractivo físico? E incluso si la mujer no es muy agraciada, tampoco importa demasiado, porque uno ya va enganchado con la experiencia que pueda tener. Así, las mujeres hechas y derechas con cierta edad se han convertido en las amantes soñadas por muchos tíos, tanto jóvenes como maduros.

Claramente, las imágenes o pensamientos que evoca una lectura erótica en la mente de las personas mayores activa toda clase de reacciones químicas que hace que su memoria atrape detalles de esas lecturas, que no funciona con otro tipo del literatura. Porque, al fin y al cabo, no importa los años que tengas, el ser humano es un ser sexual por definición. Llegamos a una edad adulta en la que nuestro género ha marcado realmente nuestra forma de ser, y nos ha dado ya cierta identidad; la sexualidad empieza despertarse, y sea cual sea la opción que elijamos, ya nunca deja de ser una de las características que nos definen como persona individual, y después con el conjunto de la sociedad. Así que no es de extrañar que seamos capaces de recordar todo lo que tenga que ver con el amor, el erotismo y el sexo, aunque olvidemos como se llaman nuestros nietos.